A vista de todos y en paralelo cronológico, dos casos que nos deja escudriñar con precisión cómo ha procedido la “justicia” en Colombia. Una disección clara y perfecta que nos permite ver sin subjetividades la realidad cruda y dura de nuestro país, una injusticia que clama al Cielo.
Me duele ver al país postrado, humillado, derrotado ante los constantes vejámenes a los que nos ha expuesto la Corte, entre varios, estos dos llaman mi atención:
Por un lado, su reverencia y beneplácito a alias Santrich, un narcotraficante reconocido con plena evidencia a la vista del mundo entero, quien siendo solicitado a extradición por Estados Unidos, se regodea con sus amigotes y, feliz y campante, queda en libertad para posesionarlo de congresista sin un solo voto, dándole “vía libre” para su retorno triunfal a los sangrientos y no muy ortodoxos negocios de droga, ya desde Venezuela, otra sucursal mucho más proclive a este tipo de actividades.
Por el otro, el encarnizamiento de la Corte contra Andrés Felipe Arias, sentenciándole a 17 años y medio de cárcel por delitos que no cometió cuando fungía como Ministro de Agricultura en el programa Agro Ingreso Seguro (AIS). Se le acusa de haber favorecido a unos particulares del Magdalena, quienes se aprovecharon y burlaron al Ministerio para apropiación indebida de dineros, de los que, la misma Fiscalía y demás que le han sentenciado, han reconocido que Arias no recibió ningún dinero ni beneficio por ello. Además, este caso no supera ni el 2% de los subsidios de AIS que ayudaron a tantas familias y al desarrollo del campo. Y la otra acusación, es por haber delegado a la Cooperación para la Agricultura (IICA), una Institución adscrita a la OEA, la selección y adjudicación de ayudas económicas. Convenio que ha mantenido el Ministerio de Agricultura desde 1993, cuando Arias ni siquiera había iniciado sus estudios de pregrado.
Aún así, la Corte ha seguido adelante con sus arbitrariedades, incluso pasando por encima del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que instó al Estado a que le garantizara el derecho universal de la doble instancia, pero esta hizo caso omiso, y mientras, los enemigos de Arias se frotan las manos y, quizás con sevicia, disfrutan de los 17 años y cinco meses que pasara en la cárcel.
Esto no es tema de ideología o posición política, es cuestión de valores y un mínimo de moral. La inmensa mayoría de colombianos repudiamos con angustia e indignación lo que está sucediendo en frente de todos, de pronto nos sentimos maniatados observando como poco a poco van pisoteando nuestros derechos con indolencia y descaro. Debemos reaccionar, y debemos hacerlo pronto para que el siguiente que pase al patíbulo de la “gran Corte” no sea usted o alguno de los suyos.




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