Al principio fui igual que usted, estaba obstinada en categorizar a Donald Trump como el peor engendro de la sociedad, un ventajista machista, atrevido, irrespetuoso y sin escrúpulos de ningún tipo. Sin embargo, cuestionaba si se trataba de un showman para poder catapultar a Hillary al estrellato, hipótesis que no descarto del todo. Me inquieta el candidato, es impredecible, un lobo solitario que, de un momento a otro, resulta apoyando los principios republicanos, y usurpa el favoritismo conservador de otros 16 precandidatos con recorrido, no estoy convencida y no conocemos su as bajo la manga.
Pero mientras el “gran fenómeno” conseguía titulares y los focos estaban para reproducir todos sus ademanes y modos extravagantes; su contrincante, la candidata demócrata, estaba haciendo curiosamente lo mismo desde el otro lado del balcón, sólo que los medios no la juzgaban.
Lo que hacen desde entonces es equiparar los comentarios groseros de Trump, que se desvían, radicalmente del patrón de lugares comunes de los políticos norteamericanos, con los antecedentes escandalosos de Hillary, como su inaudita negligencia con el atentado yihadista en Bengasi en el que murieron cuatro estadounidenses mientras fungía como secretaria de Estado; o los famosos emails que envió y recibió desde un servidor privado tratando contenidos oficiales y utilizando su Blackberry para los asuntos más delicados de Estado mientras ponía en juego la seguridad nacional y, cuando se le exigió entregar todos los registros federales, borró por “error” 32.000 emails, situación que hubiese sido imposible en una cuenta del gobierno porque en estos servidores no se puede eliminar ningún tipo de registro; por otro lado, los 25 millones de dólares de Arabia Saudita que financiaron más del 20% de su campaña, sin mencionar las extrañas muertes de varias personas, muy bien informadas sobre actividades de los Clinton, en un período tan corto.
Estados Unidos está ad portas de una gran contienda electoral, es clara la imagen de Trump el “salvaje” vs la “políticamente correcta” Hillary, y he ahí lo preocupante, Trump es un empresario no un ideólogo, y a pesar de su postura confusa, porque era conocido como demócrata y estaba a favor de políticas sociales relativamente progresistas, puede que tan sólo sea una herramienta perfectamente diseñada para transformar a Clinton en la próxima presidente de Estados Unidos, o quizás, pese a todo, gane el desespero silencioso propio de una depresión laboral y económica que prevalece y, aún, no ha sido escuchada.




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