Me preocupa el grado de ignorancia en que mantienen a los colombianos varios medios de comunicación y la indiferencia de muchos a lo que está en juego en estas elecciones. Es así, que trataré de desglosar con claridad lo que comprendo y me inquieta en unos cuantos puntos.
Primero, las negociaciones en La Habana llevaban más de 5 años, de un momento a otro, se supone que firman un acuerdo (del cual no se ha evidenciado una sola firma de los guerrilleros, sino sólo el show mediático), y determinan una fecha, a unas pocas semanas, para que los colombianos aprueben y le den rienda suelta al Gobierno y a las Farc para que hagan lo que les parezca. Todo muy bien camuflado en un mamotreto de 297 páginas, que estadísticamente, tan sólo un 5% de la población colombiana estaría dispuesta a leer, y de ese 5%, la inmensa mayoría lo descartaría. El Gobierno es tan consciente de ello, que esas páginas están pésimamente redactadas, son repeticiones de parágrafos anteriores e incluso se saltan numerales de los capítulos, dando por sentado que los casi 33 millones de electores potenciales no se percatarán de ello. Es así como esperan que, en un abrir y cerrar de ojos, los colombianos tomen una de las decisiones que pueda tener mayor repercusión en el futuro. Pero, es urgente que se haga el plebiscito antes de noviembre, cuando se erradicará el proyecto para la reforma tributaria, con su respectiva inclusión y alza de impuestos, por lo que, si las votaciones son luego de que la reforma sea aprobada, los colombianos arrasarían con el “No”.
Segundo, la única pregunta que responderán los colombianos en el plebiscito está tergiversada y manipulada, es más, no fue aprobada por la Corte Constitucional, porque no debería incluir la palabra “paz”, pero el desespero sale a flote tarde o temprano, y el Presidente, como bien lo aclaró a un periodista, “puede hacer lo que se le dé la gana” e impuso la frase del plebiscito, aun violando toda figura legal que legitime el proceso. Dando cabida a desinformaciones y confusiones muy convenientes para la aprobación de su acuerdo con las Farc.
Tercero, en el acuerdo hay 161 compromisos de las partes, de estas 1 es de grupos étnicos, 114 son del Gobierno, 43 Farc – Gobierno y 3, tan sólo 3, de la Farc, si esto no se llama rendirse a las Farc, no sé cómo se puede llamar.
Cuarto, nombraré algunos de los muchos beneplácitos a las Farc.
-Harán un rechazo tajante el latifundio y limitarán el número permitido de hectáreas, combatiendo la industrialización del agro, de forma que productos como la palma de aceite o la caña de azúcar, motores de la economía nacional, tenderían a desaparecer.
-Los empresarios/civiles que, en alguna circunstancia fatídica, tuvieron que pagar vacunas a los paramilitares serán enviados a prisión por “colaboración a grupos ilegales”, a no ser que “declaren” su criminalidad ante la opinión pública.
-El acuerdo es cómplice y permisivo con el narcotráfico, aunque, de todas formas, el Gobierno ya se ha congraciado suficiente con sus grandes artífices: Ha excluido las extradiciones, va en camino de erradicar las fumigaciones, y de cárcel, ¡ni pensarlo!, los “pacifistas” sólo han cometido miles de crímenes de lesa humanidad, pero son intocables.
-El Tribunal de Justicia y Paz, un derroche más de los miles y miles de millones despilfarrados en estos acuerdos, estará conformado por honorabilísimos magistrados escogidos a dedo por los cabecillas, “defensores y promotores de los DD. HH en Colombia” dignos representantes de tan respetable corte.
-Por otro lado, ¿qué pasará con los niños reclutados, las niñas violadas y obligadas a abortar, por qué nadie toca ese tema primordial y no se habla de ello en el Tratado?
Quinto, como estos, faltan otros ciento y pico cuestionamientos de puntos incongruentes. Sólo espero que los colombianos, al menos esta vez, votemos a conciencia, teniendo en cuenta que la principal de las objeciones a este acuerdo es, precisamente, que le dieron carácter de tratado internacional, es decir, que ese mamotreto, que es diez veces la Constitución de Colombia, está por encima de esta, siendo una violación abierta y descarada a la Constitución y a las leyes, lo que pocos saben o asimilan, es que al ser supraconstitucional es inmodificable per saecula, a no ser que por algún extraordinario suceso, se lograra demostrar la invalidez de dicho documento y el conglomerado amermelado no sucumbiera ante gratificaciones provistas por los nuevos farc-dirigentes del país.
Vale recordar que así fue el comienzo y transición para que, poco a poco, llegara la Venezuela de hoy, todo lo ocurrido allí, pasó bajo la aprobación del pueblo, quienes se dejaron encantar por los artilugios de Hugo Chávez, y que luego, en su intento de escape, han sufrido lo impensable.
Los colombianos, todos, queremos la paz, y podemos tener diferentes perspectivas, aunque muchos las conciban por la presión populista del “sí”. La polarización del país debe hacernos caer en cuenta de la necesidad de un consenso que mitigue un poco el desacuerdo, y la única forma de lograrlo es que, si usted está a favor del sí, aguarde un poco más y espere a que los acuerdos sean muchos más coherentes y claros para todo el país. Podemos evitar un error grave, si tan sólo le exigimos al Gobierno mediante el “No” que queremos mejores garantías, una mayor claridad de lo pactado y transparencia total en las negociaciones y el plebiscito, le aseguro que con esto nadie saldrá perdiendo. Todos queremos la paz, la cuestión es preguntarnos bajo qué precio y cuánto durará.




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